lunes, 26 de octubre de 2026

TU EXTRAÑA MANERA DE AMAR

 

TU EXTRAÑA MANERA DE AMAR


Poema de un amor que llega como diciembre y se marcha sin despedirse.

Extraña…

Extraña como las aves migratorias,
que obedecen al invierno y a la distancia,
llegas cada diciembre a mis orillas
y en enero te marchas de mi alma.

Vienes con la luz temblando entre las manos,
con promesas dormidas en la piel,
y después… te me escapas de los días
como el agua entre los dedos,
como un sueño que no alcanza a florecer.

No pronuncias el adiós,
no me regalas siquiera una despedida;
simplemente enmudeces,
y tu silencio cae sobre mis noches
como una sombra que me borra de tu vida.

Y yo me quedo preguntándole al viento
si alguna vez fui refugio en tu camino
o apenas una estación de paso
en el mapa fugitivo de tu destino.

Pasional…

Pasional como el perfume de las rosas,
como el fuego que no aprende a ser ceniza,
llegas y me impregnas de tu esencia,
me embriagas con tu voz,
me incendias con tu risa.

Por un instante,
el universo cabe entre tus brazos,
y mi corazón, ingenuo y tembloroso,
vuelve a creer en la eternidad
de tus besos amorosos.

Pero después… ya no estás.

Tu aroma se disuelve en el vacío,
tu voz se vuelve un eco que no llega,
y el teléfono, mudo entre mis manos,
es un pájaro cautivo
que ni canta, ni responde, ni regresa.

No hay llamadas,
no hay respuestas,
no hay siquiera una palabra
que me explique por qué el amor que me entregabas
se convierte, de repente, en retirada.

Absoluto…

Absoluto como el mar cuando se eleva,
cuando la pleamar desafía las orillas
y la espuma, enfurecida, se derrama
con la fuerza de mil olas encendidas.

Así eres cuando llegas:
decidido, vehemente, poderoso;
capaz de doblegar mis resistencias,
de volverme primavera
con un gesto, con un beso, con un roce silencioso.

Pero también eres mar cuando te alejas:
te retiras sin dejar huellas,
te disipas en la niebla de los días
y me abandonas frente a la marea
de mis dudas, de mis lágrimas, de mis heridas.

Y dime, amor…
¿de verdad crees que merezco
esta forma de quererte,
este amor que me levanta hasta los cielos
para después dejarme caer inerte?

¿Acaso no soy la mujer que alguna vez
llamaste el gran amor de tu vida?
¿No soy tu Princesa bella,
tu Kassandra hermosa,
la que guarda tus palabras
como pétalos antiguos entre las hojas?

Si ya no quieres hablarme,
dímelo.
Si ya no quieres leer mis versos,
dímelo.
Si tu corazón ha cerrado sus ventanas
y no queda para mí ni una esperanza,
dímelo…
aunque tu verdad me parta el alma.

Dime que no volverás,
que no te escriba nunca más,
que deje de pronunciar tu nombre
cuando la noche me visite
y la nostalgia se siente a conversar.

Lo asimilaré…
Lo juro, lo haré.

Tal vez me lleve inviernos,
tal vez me cueste lágrimas enteras,
tal vez tenga que arrancarte lentamente
de cada rincón de mi memoria
y aprender a vivir sin que te espere.

Pero aprenderé.

Porque hasta el amor más hondo
debe encontrar un lugar donde descansar,
y hasta el corazón más enamorado
merece conocer la verdad.

Lo que no puedo, amor,
lo que te imploro desde el fondo de mi pecho,
es que no te escondas detrás del silencio,
que no me condenes a inventar respuestas,
que no me dejes abrazada a una ausencia
mientras mi esperanza se desangra
en el umbral de tu puerta.

Porque tu silencio me lacera el alma,
tu indiferencia me desgarra la vida,
y cada vez que desapareces
algo de mí se rompe,
algo de mí se quiebra,
algo de mí se queda a oscuras
en esta soledad que no termina.

¿No te das cuenta?

No me duele solamente que te marches;
me duele no saber si volverás.
No me duele solamente perderte;
me duele que me dejes esperando
sin siquiera concederme la verdad.

Porque yo puedo sobrevivir a un adiós,
aunque me cueste reconstruir mis primaveras;
puedo llorarte hasta vaciar mis ojos,
puedo cerrar por fin todas mis puertas.

Pero ¿cómo se le dice adiós
a quien nunca termina de marcharse?
¿Cómo se deja de esperar
a quien regresa cada diciembre
para volver en enero a abandonarte?

Esa es tu extraña manera de amar:
llegar como un milagro,
quedarte como un sueño,
marcharte como el viento…

Y dejarme aquí,
con el corazón abierto,
con tu nombre entre mis labios,
con mil preguntas en el alma
y una sola verdad doliéndome por dentro:

que a veces no es la ausencia lo que mata,
sino amar a quien se marcha
sin tener el valor de despedirse.

viernes, 16 de octubre de 2026

NO SÉ… Romance de un amor en la encrucijada.

 

NO SÉ…

Romance de un amor en la encrucijada



No sé si más me duele

perderte por los caminos,
o verte pasar, tan cerca,
con el corazón perdido.

No sé si más me lastima
borrar tus pasos del río,
o soñar que alguna tarde
volverás a estar conmigo.

La luna guarda mi pena,
la noche sabe mi sino;
hay un silencio de piedra
durmiendo sobre tus labios.

No sé si más me atormenta
tu silencio, frío y largo,
o pronunciar tu nombre
y despertar lo callado.

¡Ay, corazón, no preguntes
lo que responde el destino!
Que hay amores que son fuego
y arden sin dejar caminos.

Si te olvido, me haces falta;
si te espero, me marchito.
Si te llamo, tengo miedo;
si no te llamo, te sigo.

Y en esta noche sin luna,
con mi deseo cautivo,
le pregunto al viento oscuro,
que va llorando en los olivos:

¿Duele más cerrar la puerta
o vivir frente al umbral?
¿Dejar morir la esperanza
o llamarte una vez más?

No sé…

Y el corazón, entre sombras,
sigue preguntando al río;
el agua se lleva el tiempo,
pero no lo que he sentido.