lunes, 28 de septiembre de 2026

Después

 


…Y nos reencontraremos

después de treinta años,
cuando el tiempo,
ese viejo caminante,
haya dejado sus huellas
sobre nuestros rostros.

Tú tendrás
setenta y cinco primaveras,
y yo,
setenta y tres abriles
florecidos en la memoria.

Y al mirarnos,
quizás el tiempo se detenga,
como si nunca hubieran existido
aquellos años
que nos alejaron.

Yo tomaré tus manos
entre las mías,
las mismas manos
que alguna vez soñé tocar
cuando éramos apenas
dos muchachos
aprendiendo a quererse.

Y temblarán mis dedos,
no por los años,
sino por la emoción
de encontrarte nuevamente.

Entonces,
por mi rostro surcado
por caminos de experiencia,
descenderán lentamente
dos lágrimas de cristal…

No serán de tristeza,
serán dos pequeñas estrellas
que escaparon de mis ojos
para celebrar
que finalmente
has vuelto.

Tú me mirarás
con aquella ternura
que mi memoria
jamás consiguió olvidar,

y quizás me digas,
con esa voz
que el tiempo no pudo borrar:

—Luces encantadora,
mi Princesa bella…
aún te amo.

Y yo sonreiré,
con el corazón lleno
de todos los años
que te esperé,

y acercándome a ti
te susurraré:

—Mi amor bonito…
yo también te sigo amando.

Entonces comprenderemos
que hay amores
que no envejecen,

que pueden dormir
treinta años
en el silencio de la distancia,

pero despiertan
con un abrazo,

con una mirada,

con el roce de unas manos,

y vuelven a florecer
como si el tiempo
nunca hubiera pasado.

Y aquella tarde,
cuando nuestros cabellos
lleven la nieve de los años,
nuestros corazones
seguirán siendo aquellos dos
que una vez se amaron…

Porque hay historias
que no terminan con un adiós;

solo esperan…










martes, 22 de septiembre de 2026

Volverá

 

VOLVERÁ


No obstante…
no lo pronuncia,
no se atreve a decirlo,
pero su mirada lo confiesa,
lo grita en silencio,
lo susurra sin palabras.

Y mi corazón lo predice,
porque el corazón,
cuando ama de verdad,
tiene sus propios presagios
y jamás se equivoca.

Volverá…

Retornará desde cualquier lugar,
desde cualquier camino,
desde cualquier distancia
que hoy pretenda separarnos.

Volverá con sus recuerdos
guardados en los bolsillos del alma,
con el eco de mis besos
dormido entre sus labios
y mi nombre
escondido en algún rincón de su memoria.

Y cuando regrese,
mi alma lo recibirá
con los brazos abiertos,
como la tierra recibe la lluvia
después de una larga sequía.

Lo abrazaré…
y ya no lo volveré a dejar.

Porque esta vez
no habrá caminos que nos alejen,
ni relojes que nos separen,
ni silencios capaces
de apagar lo que sentimos.

Y en pacto se va a quedar.

Se quedará
como se queda la luna
abrazada a la noche,
como se queda el perfume
en los pétalos de una rosa,
como se queda el mar
besando eternamente la orilla.

Vuelve pronto,
mi amor bonito…

Vuelve,
que mi corazón tiene la puerta abierta
y mi alma pronuncia tu nombre
cada vez que suspira.

Quiero volver a ser feliz,
quiero volver a tus brazos,
volver a tu mirada,
volver a ese instante
en que el mundo parecía detenerse
solo para contemplarnos.

No te detengas…
ni por un ratito.

No hagas esperar al amor
que todavía te aguarda.

Porque aquí estoy…

esperándote.

Y aunque nadie pueda escucharlo,
mi corazón sigue repitiendo
con la certeza de una oración:

¡VOLVERÁ!

Y cuando vuelva…
tal vez descubramos
que nunca estuvimos realmente lejos,

porque hay amores
que pueden caminar por el mundo,
perderse entre los años
y cruzar infinitas distancias…

pero siempre encuentran
el camino de regreso
a donde alguna vez
fueron felices.







El Equipo Gana

 

EL EQUIPO GANA



“Tranquila, Princesa…

el equipo gana”.

Era tu frase favorita,
la que escapaba de tu boca
como una promesa vestida de esperanza,
como un faro encendido
en medio de nuestras dudas.

“El equipo gana…”

Y yo te creía.

Te creía
porque tus palabras
parecían construir puentes
donde la vida levantaba muros;

porque tu voz
me tomaba de la mano
y me hacía pensar
que juntos éramos invencibles.

Pero un día pregunté:

¿El equipo triunfó?

¿Dónde está la victoria
que tantas veces anunciamos?

¿Dónde quedó
ese sueño que defendimos
con el corazón entre las manos?

¿Dónde está nuestro trofeo?

¿Dónde la medalla
de aquel amor que prometía
llegar a la meta?

Busqué el galardón
entre nuestros recuerdos,
entre tus palabras,
entre mis lágrimas…

y no lo encontré.

Nunca vi
nuestro premio,
nuestra copa,
nuestra bandera ondeando
sobre la cima de aquel sueño.

Quizás perdimos el partido
antes de escuchar el silbato final.

Quizás fuimos dos jugadores
en un mismo campo,
pero con destinos diferentes.

Y ahora comprendo
que algunas veces
el equipo no gana…

aunque haya luchado,
aunque haya soñado,
aunque haya amado.

Y me queda aquella frase
dando vueltas en mi memoria,
como un eco que se niega a morir:

“Tranquila, Princesa…

el equipo gana”.

Pero dime…

¿Dónde quedó la victoria?

Porque yo todavía sigo esperando
nuestro galardón…

ese trofeo invisible
que algún día soñamos
levantar juntos.








Lágrimas

 

LÁGRIMAS

Rodaron por
tus mejillas,

silenciosas,
cristalinas,
como dos gotas de cielo
que, cansadas de habitar las nubes,
decidieron caer sobre tu rostro.

Las besé…
y tenían el sabor dulce de la miel,
aunque nacían del dolor.

Eran lágrimas del alma,
pequeños cristales de tristeza
que escapaban de tus ojos
porque tu corazón
ya no podía contenerlos.

Desconsolada…
lloré contigo
y te abracé fuerte,
como si mis brazos pudieran
recoger tus pedazos
y devolverle calma a tu corazón.

Entonces,
me dijiste musitando al oído,
con la voz quebrada
por tantas palabras no dichas:

“Yo también sufro, Princesa…
mírame…
estoy destrozado”.

Y te miré…

Viajé a través de tus ojos,
crucé sus profundidades
como quien navega
por un mar de recuerdos,
y allí, en el fondo de tu mirada,
vislumbré tu alma:

abrumada,
confundida,
herida por los caminos
que la vida había puesto
entre nosotros.

Y comprendí…

que hay amores
que llegan para quedarse,
aunque no puedan quedarse juntos;

que existen abrazos
que duran un instante
y, sin embargo,
se quedan viviendo
para siempre en la memoria;

que hay lágrimas
que no son despedidas,
sino la manera que tiene el corazón
de decir:

“Te amo…
aunque la vida
no me permita tenerte”.

Y entonces entendí
que quizás…
no lograríamos estar juntos,

pero que nuestros corazones,
esos que alguna vez
se reconocieron entre la multitud,
seguirían pronunciándose en silencio
a través de los años.

Porque hay amores
que no necesitan una casa,
ni un tiempo,
ni siquiera un mañana…

les basta con haber sido verdaderos.

Y quizás,
solo quizás,
tú y yo seremos eso:

dos almas que no pudieron caminar juntas,
pero que se amaron
toda la vida.








viernes, 18 de septiembre de 2026

Me tomaré de tus manos.

 


ME TOMARÉ DE TUS MANOS



El día en que
retornes a mí,

me tomaré de tus manos

como quien se aferra
a la última estrella
antes de que amanezca,

y no me desprenderé…

No habrá distancia,
ni silencios,
ni caminos capaces
de arrancarme de ti.

Recorreremos juntos
los senderos del tiempo,
como dos andariegos
que, después de tantos años,
se reconocen
en la misma mirada,
tramando felicidad
con los hilos dorados
de un amor que no murió.

Tus manos cálidas
serán mi refugio,
mi puerto,
mi pequeño universo.

Me procurarán apoyo
cuando mis pasos vacilen,
serán raíces
cuando el mundo quiera moverme,
serán alas
cuando el miedo
intente detenerme.

Y si alguna vez caigo,
me asiré de ellas
con la fuerza
de quien teme despertar
de un hermoso sueño.

Tus manos…

¡Ah, tus manos!

Quisiera recorrerlas
con la yema de mis dedos,
aprender de memoria
cada línea de su piel,
como si en ellas
estuviera escrito
el mapa secreto
de nuestro destino.

Y entonces,
si el viento me llevara,
si la vida me elevara
por encima de los días,

surcaré los aires
aferrada a tu recuerdo…

y al mínimo descuido
de tu corazón,

me acercaré a tus labios
y, sin miedo,
sin tiempo,
sin más palabras…

gritaré:

¡TE AMARÉ!

Amor de mi vida,
tus manos son mías,
y las mías,
desde siempre,
han estado esperando
el regreso de las tuyas.

En ellas respiro confianza,
en ellas descansa mi miedo,
en ellas se duerme
la tristeza.

No concibo dolor
si puedo refugiarme
en tu abrazo.

Porque cuando tus manos
se encuentran con las mías,
el mundo calla,
el tiempo se detiene
y mi corazón comprende
que ha llegado a casa.

Y me abrigo, segura,
en la dulce certeza
de ser tu querer…

porque quizá el amor
no sea más que eso:
dos manos que se encuentran
después de una larga ausencia
y ya nunca
quieren soltarse.







 

 

jueves, 17 de septiembre de 2026

Reinvéntame

 




Te invito
a reinventarme,
a descubrirme nuevamente
como quien abre un libro
y encuentra entre sus páginas
un secreto que aún no termina de escribirse.

Te convido
a quererme,
a pronunciar mi nombre
con la ternura de quien acaricia
una flor recién nacida.

Te instigo
a decirme,
con la voz estremecida del deseo,
que soy la mujer de tu vida.

Reinvéntame,
reiníciame,
rescátame del silencio,

porque estoy inhibida,
dormida entre mis propios sueños,
esperando que tus ojos
enciendan nuevamente la luz.


Contémplame
mientras sucede el milagro,
mientras mi piel aprende
el idioma de tus miradas.

Y observa mi metamorfosis:

cómo la mujer que fui
se desprende lentamente de sus sombras
para convertirse en mariposa,
en primavera,
en fuego,
en deseo.

Floreceré para ti,
radiante y fresca,
hermosa como el amanecer
cuando el sol, enamorado del horizonte,
besa lentamente el mar.

Exclámame:
—¡Eso me gusta!—

Y deja que tu voz
sea música sobre mi piel.

Ordéname,
pero hazlo susurrando:

—Bésame…
acaríciame…
sigue…

Y que tus manos
sean caminos secretos
que mi cuerpo quiera recorrer,
senderos de ternura
que conduzcan hasta el infinito.


Déjame perderme
en el centro de tu universo,
mientras tú saboreas en tus labios
el dulce vértigo de este encuentro.

Que nuestras bocas
hablen sin palabras,
que nuestras miradas
digan lo que el silencio calla,
y que nuestros cuerpos
aprendan nuevamente
la antigua danza del amor.

Entonces,
en una sola respiración,
tú conmigo
y yo contigo,
seremos dos ríos
que olvidaron sus nombres
para encontrarse en el mismo mar.

Y nos dejaremos ir…

sin relojes,
sin distancias,
sin pasado,
sin mañana.

Hasta que el deseo
se vuelva silencio,
hasta que el silencio
se vuelva calma,
hasta que la noche
nos arrulle entre sus brazos.

Cansados, plenos,
embriagados de ternura,
despertaremos de nuestro ensueño
como dos viajeros
que acaban de regresar
del país secreto de los amantes.

Y amaneceremos
sobre una playa desierta,
con el océano como testigo
y el cielo como cómplice.

Contemplaremos nuestros cuerpos
despojados de miedos,
vestidos únicamente
con la desnudez de la confianza.

Y mientras el sol
dibuje dorados caminos sobre la arena,
sellaremos nuestros labios
con un juramento:

volver a reinventarnos,
volver a encontrarnos,
volver a elegirnos,
una y otra vez…

Porque quizá amar
no sea encontrarse una sola vez,
sino tener el valor
de reinventarse juntos
cada vez que el corazón
vuelva a pronunciar
nuestros nombres.