jueves, 20 de agosto de 2026

 


MIS SENOS


Como dos volcanes que despiertan,
se alzaban ante tu mirada,
dos lunas tibias, palpitantes,
por el deseo iluminadas.

Tus manos llegaron despacio,
como quien toca un territorio sagrado;
y en la tibieza de tus caricias
mi piel aprendió a decir tu nombre.

Había en nosotros un fuego antiguo,
una sed sin prisa ni medida,
y cada roce encendía
otra manera de sentir la vida.

Mis senos, pequeños universos,
se entregaban al temblor de tus manos;
tú los recorrías con ternura,
como si fueran dos secretos humanos.

Y mientras la noche nos cubría,
la pasión crecía sin hacer ruido;
tu boca buscaba mi piel
y mi cuerpo respondía al latido.

Entonces comprendí que el deseo
también puede ser una forma de ternura:
un lenguaje hecho de silencios,
de piel, de besos y de locura.

Y allí, entre tus manos y las mías,
sin más horizonte que la noche,
mis senos dejaron de ser solamente cuerpo:
fueron la memoria encendida
de una pasión que todavía nos nombra.




 


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