viernes, 10 de julio de 2026

CADA SUSPIRO BUSCABA TUS LABIOS

 



Cada suspiro buscaba tus labios 



Cuarenta años no pudieron borrar
el primer latido del corazón.

Tenía apenas dieciséis abriles,
y tú, diecisiete primaveras;
éramos dos miradas silenciosas
aprendiendo el idioma del amor.

Jamás pronunciamos un "te quiero",
porque el destino escribía despacio;
mi padre custodiaba mis sueños
y el tiempo vigilaba nuestros pasos.

Entonces, fui sembrando tu recuerdo
en las páginas tímidas de un diario;
cada letra llevaba tu nombre,
cada suspiro buscaba tus labios.

Hasta que un día supe de tu partida,
como quien escucha llorar al viento.
Con manos temblorosas te escribí
la primera carta de mi vida.

No hubo flores...
no hubo promesas...
solo un mensaje
que atravesó mi juventud.

Y me esperaste
donde el silencio conversa con la eternidad,
junto a la tumba de tu padre.

Allí,
entre el respeto y la nostalgia,
nació el beso más puro
que han guardado mis recuerdos.

Fue breve...
tan breve
como el vuelo de una mariposa;
pero eterno,
como las estrellas que nunca dejan de brillar.

Después...
la vida siguió su camino.

Los años levantaron ciudades,
los calendarios cambiaron de nombre,
las estaciones envejecieron despacio,
y nosotros aprendimos
a vivir en mundos diferentes.

Jamás una llamada.
Jamás una fotografía.
Jamás un mensaje.

Solo el recuerdo...
ese compañero fiel
que nunca pidió permiso para quedarse.

Y hoy,
cuando ya habían pasado
cuarenta largos años,
el destino volvió a escribir nuestro nombre
en la misma página del tiempo.

Te vi.

Y el corazón,
ese viejo soñador,
reconoció tu mirada
antes que mis propios ojos.

Nos abrazamos
como quienes saludan
a un capítulo inolvidable de la vida.

No hicieron falta explicaciones.

Tus ojos hablaron
con el mismo idioma
que entendían cuando éramos adolescentes.

Mi alma sonrió en silencio.

Luego

Un beso en la mejilla...
una palabra sencilla:

Adiós.

Y, sin embargo,
aquel adiós
no tuvo sabor de despedida.

Fue la confirmación
de que existen amores
que no necesitan pertenecer
para permanecer.

Porque hay personas
que no envejecen en el corazón.

Se quedan viviendo
en el rincón donde nacen
los primeros sueños,
los primeros latidos,
las primeras ilusiones.

Hoy comprendí
que el verdadero amor
no siempre es el que permanece a nuestro lado.

A veces,
es aquel que el tiempo
jamás consigue borrar.

Y si alguna vez
la memoria vuelve a reunirnos
en cualquier esquina de la vida,

volveré a mirarte
con la misma dulzura
de aquella muchacha
que un día se atrevió
a escribirte una carta de amor.

Porque existen besos
que duran un instante...

y existen amores

que viven para siempre.





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