miércoles, 15 de julio de 2026

TIENE MEMORIA LA PIEL

 



Tiene memoria la piel

Pienso con la memoria de mi piel,
con la obstinación del viento
que vuelve una y otra vez
a besar la misma orilla.

Te pienso
como se piensa la lluvia
después de una larga sequía:
inevitable,
libre,
necesaria.

Mi cuerpo,
cómplice de todos los calendarios,
despierta cuando te nombra.
No conoce la prudencia de los inviernos,
solo la certeza
de que existen manos
capaces de convertir la espera
en un jardín florecido.

Quiero tus labios
no para callar mis palabras,
sino para que aprendan
el idioma secreto
que inventan los amantes
cuando el mundo deja de existir.

Quiero tus manos,
esas viajeras incansables,
recorriendo sin prisa
la geografía luminosa de mi piel,
como quien descubre
que cada curva
es una promesa de vida.

Y entonces,
sin urgencias,
sin relojes,
abrirme entera,
como la tierra fértil
que recibe la primera lluvia de enero;
ofrecerte el néctar
que nace donde el amor
se vuelve raíz,
incendio
y milagro.

Porque hay en enero
una magia antigua:
la de los comienzos,
la de las semillas,
la de los cuerpos que se reconocen
sin miedo,
la de las almas
que se abrazan
hasta confundirse con la luz.

Y si me preguntas
qué hago cuando pienso en ti,

te diré
que florezco.








 

 


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