…Y, sutilmente, acariciaste
…Y, sutilmente,
acariciaste
mi barbilla con tu mano derecha.
Un dulce estremecimiento recorrió mi cuerpo,
como un susurro de amor y de ternura.
Tu mirada y la
mía se encontraron,
conjugándose en el idioma silencioso del deseo,
mientras mi sonrisa, ingenuamente coqueta,
celebraba la dicha de tenerte frente a mí.
Y allí estabas,
no era una utopía,
ni otro de mis sueños fugitivos;
eras la alegría que habitaba mi pecho,
la ilusión hecha realidad,
el milagro más hermoso de mi vida.
Eras tú…
mi amor bonito.


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