Solo Eternidad
Espontáneo, cadencioso,
discreto y metódico,
sin invitación apareciste,
ataviado de gala,
en una noche invernal,
bajo el grandioso cielo añil,
con las luciérnagas por testigos.
Veintiún años han transcurrido,
y mi alma, pretensiosa como una doncella,
brinca alborozada;
lanza su grito a la luna llena
y lo confía a las estrellas,
porque el eterno amor que guardó en secreto
ha regresado para perpetuarse,
aprisionándose, como un solemne orfeón,
en las insondables profundidades del mar.
Más, aunque el destino
no vuelva a concederme la dicha de mirarte,
quiero que sepas lo que haré por ti:
te amaré con la serenidad del tiempo,
con la fidelidad de los recuerdos,
con la esperanza que jamás envejece.
Porque siempre serás mi amor bonito,
ese amor eterno que habita mi alma.
Sin distancias,
sin lapsos,
sin espacios…
Solo eternidad.
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